Decir adiós


​Decir adiós
sin el sabor metálico de la sangre en la boca
sin palabras muertas apenas masticadas.

Decir adiós
como el que pide un cigarro
sin la importancia del momento
sin cristales rotos ni piras funerarias.

Decir adiós
y que no suene a despedida
que no mueran las flores
que no se acabe el mundo
que no llore un niño por cada madre muerta.

Decir adiós
como si no nos fuera la vida en ello
sin gritos inútiles
sin rencores
ni incendios
ni nada.

Decir adiós
sin tener que inventar un idioma nuevo
sin tener que aprender a odiarnos.

Decir adiós.

Y que no nos importe una mierda.

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