Domingo


Quisiera ser poderoso. Invencible. Saber que el mundo gira a mi alrededor y que yo, altivo, lo miro desde arriba. Ver desde allí lo que ocurre en vuestras vidas y miraros condescendiente, ay pobres! hacéis lo que podéis con lo que tenéis, mientras transcurre vuestra existencia. No sentirme jamás indefenso.

Otras veces querría ser violento. Odiar a todos y a todo. Resolver mis problemas con un golpe en la mesa o un directo al mentón. Castigar a patadas a aquel que me lleva la contraria.

Quiero no tener memoria. Ni corazón. Tampoco cerebro. No quiero tener entrañas que me adviertan cuando algo no va bien. No quiero sangre que se altere. No quiero respirar el aire putrefacto de nuestra existencia. No quiero mi voz. Ni ser ni estar. Que mi nombre sea sólo un rumor, una leyenda.

Pero el caso es que es domingo.

Soy insignificante y no puedo odiaros. Sigo teniendo un cuerpo que no reconozco y una voz que retumba en mi interior. Un corazón que palpita. Sigo inspirando y espirando incontrolable. Sigue la sangre palpitando en mis oídos.

Sigo echando de menos cosas que nunca tuve… Y nada sigue siendo domingo.

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